Pablo Coderch.- Muchos somos los que alguna vez hemos soñado con realizar un reportaje periodístico que cambiara las cosas. Algo como Daniel Montero Bejerano, periodista de investigación y escritor. Éste volvió a salir a la palestra hace poco tras la publicación de su nuevo libro “La casta. El increíble chollo de ser político en España”. Y es que con este reportaje de periodismo de investigación interpretativo hemos vuelto a ver cómo un trabajo de estas características volvía a calar en la sociedad. La función de denuncia y de vigilar al poder la podemos ver con numerosos trabajos de este tipo, que después de la crisis de los 90, vuelven a proliferar.
Time
Pablo Coderch.- El periodismo es una de las profesiones dónde se tiene el poder de engañar mucho, un poco o evitarlo por todos los medios posibles. “Siempre que el tiempo lo permita”, dirá más de uno.
Los periodistas tenemos una responsabilidad muy grande, que debemos tener clara para poder ejercer con éxito nuestra profesión. Es curioso que muchas normas del periodismo ya se le pasaran por la cabeza a Tucídides, historiados y militar ateniense, en el siglo V a.C. .Éste personaje escribió uno de los primeros libros de historia que se conocen, pero lo escribió bajo la voluntad de informar e investigar con el único fin de que la gente supiera lo que había ocurrido. Una tarea larga de investigación y entrevistas con el único fin de conseguir la máxima información que le permitiera esclarecer, de manera correcta y fidedigna, los hechos que habían ocurrido.
El proceso para corroborar una información y poder llegar a la conclusión de que todos los cabos están atados y que no hay agujeros, es un proceso por el que debe pasar todo escrito periodístico. Porque la tarea del informador es dar una información fiel. No sirve con dar una información creible, porque hay ficción creible, pero de lo que no hay es ficción fiel.
Así pues el trabajo de un periodista consiste en ser objetivo. Entendiendo como objetivo el deber de que los aspectos personales y culturales no interfieran en la veracidad de las noticias. Porque nosotros nos debemos situar “fuera”, exhentos de todo. Porque la tarea lo requiere así. Pero no es fácil ya también cabría preguntarse si el periodista debe despojarse de sus pasiones y emociones a la hora de escribir, y si estas entorpecen o más bien ayudan a trasmitir.
Claro, que en una época en que la información es dinero y por tanto cuanta más información más dinero, es difícil pensar en métodos que guien a un periodista en la árdua tarea de la verificación de los datos. Porque no salen rentables. El tiempo que un periodista debe consumir en corroborar todos los datos que aparecen en su trabajo no es un tiempo rentable a la manera de ver las cosas hoy en día. Y claro, esto repercute en la calidad y en la veracidad que se le pueda otorgar a un escrito periodístico.
Así hay quien cree en los métodos científicos y por tanto de la “ciencia de la información”. Esta se debe basar en unos principios que aseguren una disciplina de verificación para que el trabajo periodístico sea de la mejor calidad posible:
- No añadir nada que no esté.
- Nunca engañar al lector.
- Ser lo más transparente posible sobre los métodos y motivos que ayuden al lector a saber de qué forma se han tomado las decisiones respecto de una noticia y qué criterios se han aplicado a la hora de tomar decisiones.
- Ser original, es decir, toda noticia que no pueda confirmarse de manera independiente no puede ser publicada.
- Y por último la humildad. Mantener una disciplinada sinceridad a cerca de lo que sabemos.
Babylon
Pablo Coderch.- Cada vez me convenzo más que el dinero es uno de los problemas principales de nuestra manera de llevar la vida adelante. Todo está salpicado por el dinero, todo se vende y se compra. Hay gente que ama por dinero, hay gente que saca lo mejor por dinero, pero también pasa al revés, hay gente que mata por dinero, hay gente que vende su vida por un trabajo que le mantiene alienado de todo lo que le rodea, cuanto más dinero más alienación. Y también encontramos enfermedades derivadas de esto, como la persona que queda sumida en depresión porque no gana el dinero que la sociedad le ha hecho creer que necesita para vivir, o simplemente porque no dispone de “cash”.
Esto es a nivel personal. Pero además deriva en muchas más cosas a medida que subimos de niveles.
Cuando un periodista trabaja en un gran medio las presiones que soporta a la hora de trasmitir una información “no afín” al medio pueden, desde provocarle frustración por no poder contar toda la verdad hasta ser víctima de un despido para no dañar la imagen de la empresa.
Un caso parecido le pasó a Lowell Bergman, periodista neoyorquino de 64 años. Este informador ha trabajado como editor en la revista Rolling Stone y ha trabajado en televisión – en el noticiero de la ABC y durante 14 años en el exitoso programa “60 segundos” de la CBS – hasta que tuvo que renunciar.
Todo aquel que sepa un poco sobre el trabajo de Lowell verá es una persona que siempre ha trabajado para ofrecer la verdad. Por incómoda que haya sido. Según contaba en una entrevista para La Nación “para mí las únicas preguntas que valen para un periodista son: ¿es la historia verdadera? ¿Es suficientemente importante para el interés público? Y creo que hoy me puedo dar las mismas respuestas que entonces. Sí. Es verdad. Es importante para el público, para su salud, para su información”. Bajo esta mirada ha trabajado en profundidad con temas como la crisis energética de California, los países en guerra por las drogas, el fundamentalismo islámico, las raíces del 9/11, las targetas de crédito… Temas incómodos porque, para trabajarlos bien, hay que estar preparado para todo. Y todo para ofrecer transparencia total en lo que se intenta dar a conocer. Sin miedo a sanciones, porque la verdad es lo que realmente debería prevalecer en cualquier trabajo periodístico. No sirve decir que un televisión pública – aunque sea autonómica – da información sesgada porque la agenda setting que ofrece el gobierno en cuestión no da para poder ofrecer más cosas y por tanto se saca lo que se saca. No es excusa desinformar a la gente por miedo a enfrentarte a una poderosa empresa, temiendo salir perjudicado económicamente al tener que hacer frente a numerosos juicios, porque estos gigantes se van a blindar ante cualquier intromisión incómoda. Cueste lo que cueste.
Este tipo de profesional es el que hay que potenciar cara a la sociedad, cara a las nuevas hornadas de periodistas y cara a los viejos periodistas que se han acomodado.
Dándolo todo
Pablo Coderch.- La fama siempre ha tenido un precio. Hay quien por ser lobo en un mundo de corderos es capaz de todo. Y cuando hablo de todo no me refiero a relacionarse con políticos freaks, famosillos de carton piedra o cualquier persona alienada da esta sociedad del teleshow.
Stephen Glass sabe bien de esto. Este periodista empezó rápidamente, con 23 años ya escribía artículos para la revista de The New Republic y hacía colaboraciones en reputadas revistas como Rolling Stone. Pero el ánsia de reconocimiento pudo con él y cayó en el gran error de realizar buenos artículos periodísticos pero desde la mentira y la falsedad de fuentes, citas, etc.
No es el único caso. Judith Miller es otra “periodista” que antepuso la falsedad en un artículo que escribió en el New York Times, donde engrosaba el expediente del guerrero Yihadista Osama Bin Laden.
La objetividad para muchos es algo imposible pero no por ello se tiene camino libre para interpretaciones o modificaciones. El periodista sólo tiene un deber y es ser fiel a la realidad para que esta no llegue falseada a los demás. Los periodistas tenemos una función que nos ha sido otorgada gracias a nuestra manera de ver el mundo y esta es la de trasmitir el mundo que nos rodea para hacer más fácil su comprensión a los demás. Con esto no excluyo “nuevos” tipos de periodismo como la corriente del nuevo periodismo o yendo más allá al periodismo gonzo. No son necesariamente incompatibles la ayuda de la literatura a la hora de transmitir información o el que el periodista llegue a ser parte de esa notícia – dotándola de otra visión mucho más personal y alejada de la corriente general, pero no por ello menos fiel a la realidad del acto- con un retrato fiel de lo que nos rodea.
Hoy ya no
Pablo Coderch.- Pocos son los que no conozcan la historia del escándalo del “Watergate”, que obligó a Richard Nixon a dimitir como presidente de los Estados Unidos. Una historia en la que dos periodistas ( Bob Woodward y Carl Bernstein) consiguieron hacer el seguimiento de un caso que muchos periodistas quisieran para ellos. Un entramado de corrupción, espionaje, fraude, escuchas ilegales…Todo eso que ahora nos suena mucho, pero a la americana.
Lo más importante de todo esto fue que tuvieron una fuente. Una fuente que les iba guiando por todo este camino dándoles la información de manera dosificada y de tal manera que periodísticamente daba suspense al tema y además permitía a los periodistas ir desmarañando el entresijo de informaciones que llegaban a la Casa Blanca, además el tiempo permitió contrastar numerosas fuentes. Al fin y al cabo la comunión de unos periodistas amantes del trabajo bien hecho, ya que utilizaron muchas fuentes que posiblemente cualquier reportero de hoy en día ignoraría (personas sin cargos importantes, empleados…), y la de una persona que tenía el interés de sacar a la luz un tema.
Hoy en día, y en realidad no hace tanto tiempo de eso, ya son pocos los que se paran a contrastar fuentes. Son muchas las noticias de “copy paste” de agencias, son muchas las empresas e instituciones que remiten comunicados “impublicables” por ser excesivamente propagandísticas o publicitarias, segun un estudio de la FAPE. También es mucho el uso que se le da al internet, cuando todos sabemos que no es un medio fiable para sacar información veraz. Y encima la dependencia política ha llevado al periodismo al más oscuro de los abismos.
El Watergate no es otro caso más de intrusión de la política en el mundo del periodismo “imprcial” y que debe dedicarse a la única tarea de informar con veracidad. W. Mark Felt utilizó al cuarto poder para denunciar a un gobierno que estaba haciendo cosas, pero no lo utilizó en beneficio propio, y tampoco sensacionalizó la información que enviaba con movimientos de maceta.
En esta época difícilmente pasaría eso.
Tocado y…¿hundido?
Pablo Coderch. El mismo problema de siempre, “le incluimos publicidad para que el periódico sea más barato”. En cuestión de televisión nos tragamos horas de anuncios al día para que asi los magnates, sentados en sus despachos enmoquetados, puedan seguir oyendo el “clink” de las moneditas que ganan al segundo. Mientras nosotros nos abocamos al consumo desmedido bajo el pretexto de que así el canal en cuestión no será de pago.
¿Qué pasa cuando un periódico grande deja de tener tanta publicidad? Generalmente no mucho. Quizás un ligero aumento del precio que intentarán enmascarar con algun regalo para así justificar cara al comprador que han subido el precio.
Pero, ¿qué pasa cuando esto afecta a un periódico pequeño? Los pequeños periódicos de papel -dedicados a la información local en su mayoría- están sufriendo la bajada de ingresos publicitarios mucho más que cualquier otro medio. En “Write Local: How Small Newspapers Are Surviving” Daniel Askt nos habla de cómo los periódicos grandes han ido acaparando muchas noticias locales quitando así el espacio reservado a los periódicos pequeños, los cuales dedican el trabajo de su plantilla casi exclusivamente a cubrir su pequeña zona y además con ingresos publicitarios más reducidos.
El pez grande se come al pequeño. ¿Qué ocurre con los periódicos pequeños que decidieron apostar por los anuncios clasificados?, en principio es una buena fuente de ingresos, pero un arma de doble filo al fin y al cabo. Con el auge de las nuevas tecnologías y la imparable presencia de internet en la vida de todos, aquellos que decidieron apostar por esta vía aun lo han pasado peor, ya que la red es un hervidero de este tipo de anuncios y además mucho más barata, por no decir gratuita.
Si no querías caldo, toma dos tazas. Y es que, claro, en este momento en que el periodismo que vende notícias en papel está pasando por malos momentos, el reinventar sobre la misma base no va a servir de mucho. Es como todos aquellos que tras la crisis han despertado del letargo y han decidido gritar ¡refundemos el capitalismo!, !el sistema que se autoregula ha fallado y se ha desmoronado, debemos mejorarlo!. Y yo digo: ¡NO!, busquemos nuevas fórmulas que mejoren el sistema que ha fallado, no tengamos miedo a cambiar, no seamos cómodos.
Si el periodi
smo de papel no obtiene la misma cantidad de ingresos que antes, si quizás ha quedado obsoleto… intenten adaptar todo el tinglado a la realidad actual. En la era de las pantallas luminiscentes son pocos los periódicos que ofrecen un formato compatible con e-books. Conectas el cable al ordenador, descargas el fichero y a leer el periódico.
Señores se están retrasando. No deben refundar o intentar buscar solución a cosas que han quedado obsoletas. Reinventen lo que tienen para no quedarse atrás. Miren hacia adelante con espíritu contemporáneo.
“Es soñando con lo imposible que el hombre ha realizado siempre lo posible. Los que se han conformado con lo que les parecía posible no han avanzado nunca de un solo paso.”
Mijaíl Bakunin
“Distinto, pero igual”
Pablo Coderch.- Todo aquel ávido lector de prensa que haya tenido entre sus manos el diario EL PAÍS, habrá visto poca variación en sus portadas durante los más de 30 años de andadura de este periódico. Su estilo sóbrio caracteriza este diario que inició su andadura, de mano de José Ortega Spottorno, seis meses después de la muerte del dictador Francisco Franco.
Este diario anunció a bombo y platillo el cambio que iba a sufrir en 2007 , tanto por dentro como por fuera - “El diario EL PAÍS no sólo cambiará su eslogan por el de ‘El periódico global en español’, [...] además de recuperar el acento en la i, vamos a poner el acento en las noticias”, declaraba el propio diario -. Pero en ese cambio no se ha visto una remodelación hacia la modernidad o hacia ejemplos de innovación como el diario PÚBLICO que salió a a la calle en el mismo 2007 o El Periódico que ya recibió un premio al mejor diseño en los IV European Newspaper Award. En esencia, son muchas las opiniones del gremio que han sentenciado que EL PAÍS ha hecho “mucho ruido y pocas nueces” para tan esperado cambio.
Esto, no obstante, no ha hecho que todos aquellos que entran dentro de la corriente de izquierda o centro-izquierda liberal dejen de leerlo, puesto que sigue siendo el periódico no deportivo más leído en España.
Lo único que cabe pensar es ¿hicieron esta campaña en la que apostaban por un cambio visible en el periódico por marketing o para mejorar periodísticamente?, ¿iniciaron un cambio en su portada, practicamente inalterada durante 30 años, para acercarse a los nuevos tiempos llenos de color o sólo para parecerlo?
Alea jacta est
Pablo Coderch.- Es mucho el tiempo que el debate sobre el fin de la prensa en papel y la superioridad de las nuevas tecnologías para informar, lleva quebrando cabezas a diestro y siniestro.
No es que sean excesivamente alarmantes los datos de cierres de periódicos tradicionales en España, hace ahora un año – el 29-01-09 – cerraba un periódico de papel, de los de toda la vida, pero gratuito. El diario Metro echaba el cierre debido a la falta de inversión publicitaria, y esto a pesar de ser el quinto periódico diario más leído, con 1,8 millones de lectores. Hace nueve años éramos espectadores del cierre de “Diario 16″, pero la muerte de este periódico con 25 años de historia y 118 miembros en plantilla no podemos relacionarla directamente con el auge de los medios digitales. También hemos sido espectadores del cierre de diarios digitales como Soitu.es – 27 – 10 – 2009 - , portal que tenía un millón y medio de lectores y que también cerró debido a la falta de financiación.
Pero ante esto no debemos estar menos atentos. Es indiscutible el auge de los medios de comunicación en internet. Pero claro, hay cosas que el ser humano controla y otras que no. La aceleración que ha supuesto Internet al mundo es mucho mayor que la que tiene el coche comerciable más rápido del mundo. Parece que nadie estaba preparado para tal cambio y por tanto, ante la avalancha se ha tenido que reinventar todo.
Los medios de papel no tienen mucho juego ante la variada información que puede contener la misma noticia (leida, vista y oida) en una página web. Aunque esto no es su epitafio. El problema para todos es la falta de financiación y la publicidad hoy en día no es un método muy seguro para subsistir, ya sea por un enfoque equivocado o porque no es el momento más propicio.
La tendencia está siendo la de buscar subscriptores en los diarios digitales. Pero claro, hacer pagar por algo que en principio se puede encontrar gratis en la web, es algo que no hace mucha gracia a los usuarios y esto es una cosa que los profesionales del sector saben. Así pues se buscan maneras de concienciar a la gente para que acepten el pago por suscripción, favoreciendo en muchos casos el feedback entre emisor y receptor y la participación en el mismo (“són els usuaris que decidisquen apostar per AM i fer-se subscriptors, els que tindran veu i vot en el diari i els seus temes de referència”) . También son algunos los que apuestan por la buena voluntad de los lectores y simplemente les invitan a hacer una donación en pro de la convivencia de ambos modelos de negocio.
Desde luego no hay nadie que de momento haya encontrado la solución para el papel o para los medios digitales. Pero hay una cosa muy importante y es que las lamentaciones sirven de poco. Son los recién estrenados periodistas los que más tienen que decir en todo esto, ya que son los que van a poder convivir y aprender de unos y otros, ya que a lo “arcaico” hay que ponerlo en fecha y hora actual y darle un toque novedoso para que siga atrayendo a los lectores, y por otro lado a lo “puntero” hay que marcarle un pequeño surco por el que seguir creciendo.
